Caminar la milla extra

Entonces una mujer Cananea que había salido de aquella región, comenzó a gritar: "Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija está terriblemente endemoniada."

Mateo 15:22

Entonces en el séptimo día se levantaron temprano, al despuntar el día, y marcharon alrededor de la ciudad de la misma manera, pero siete veces. Sólo aquel día marcharon siete veces alrededor de la ciudad.

Josué 6:15

Acerca del Autor
Alberto Vivanco: Conferencista

Muchas veces la vida de fé depende de una actitud de esfuerzo aguerrido, de esfuerzo militante, de atreverse a hacer cosas que están fuera de lo común, fuera de lo normal. Hay veces que tenemos que hacer cosas poco convencionales y tenemos que atrevernos en el nombre del Señor creyendo que si nos lanzamos en el nombre del Señor Él será poderoso para no permitir que quedemos en verguenza.

Y la Escritura está llena de estos individuos que como que persisten, están dotados de una energía desesperada que les hace ir más allá de lo convencional, y que esa medida de esfuerzo es lo que los saca de lo común y hace que Dios digamos tome noticia de ellos. Fíjese que esta mujer está rodeada de gente que está apretando al Señor y están ejerciendo presión sobre la persona de Jesús. Y sin embargo dice que cuando esta mujer tocó el manto de Jesús enseguida de el Señor salió poder, y el Señor preguntó ¿quién me ha tocado?.

Y los discípulos se sorprenden de la pregunta porque dicen: Señor ¿pero si todo el mundo te está tocando, esta multitud está abalanzada sobre ti y te aprietan por todas partes, cómo dices que quién te ha tocado?, todo el mundo te ha tocado. El toque que lo había alcanzado era un toque distintivo, era algo fuera de lo común. Y es ese toque precisamente lo que nosotros tenemos que pedirle al Señor que nos ayude a encontrar en nuestras vidas. Esa energía que sale de las entrañas mismas de nuestro ser que nos lleva a la Presencia misma del Señor.

Es un tipo como de guerra espiritual casi. Es algo maravilloso que honra a Dios y nos honra también a nosotros. El Señor se agrada y es algo raro de explicar, pero como un padre que su hijo hace algo raro poco convencional que muestra algo del carácter del hijo o del amor que le tiene al padre, o la confianza que le tiene al padre, y esto evoca el place del padre, así mismo Dios reacciona como un padre cuando sus hijos hacemos cosas raras o poco convencionales que muestran que le creemos a Él, que lo amamos a Él, que sabemos que Él es real, que tiene sentimientos con los cuales nosotros podemos identificarnos.

Y entonces eso le dice al Padre: esta persona te toma en serio, y eso lo halaga, lo motiva. Esas son las reglas de la fé y eso es lo que esta mujer hace. Ella tiene ese toque distintivo y ese esfuerzo, esa actitud aguerrida que vemos por ejemplo en la mujer ciro-fenicia, que se acerca al Señor Jesucristo y le pide que intervenga a favor de su hija que está endemoniada. Y el Señor al principio la rechaza y le dice: no, no puedo atenderte porque tú vienes de otra nación y Yo he sido llamado a atender a las ovejas de Israel.

Y esta mujer persiste y el Señor le contesta casi con un insulto, le dice: ¿sabes?, no es bueno darle la comida de los hijos a los perrillos. Está diciendo que esta mujer no judía pertenece a una raza inmunda. Pero esta mujer no se deja descorazonar ni ofender por la aparente negativa insultante de Jesús y le contesta con una respuesta que como que ata al Señor, le dice: Sí Señor, Tú dices que no es bueno darle la comida de los hijos a los perrillos, pero aún los perrillos tienen derecho a comer de las migajas que caen de la mesa.

Interesantemente esta mujer toma la imagen que Jesús usa y le hace como una especie de judo espiritual y piña al Señor contra la pared, le dice sí pero ¿qué hay de esta interpretación de lo que estás diciendo?. Dice la Palabra que el Señor maravillado de la fé de ella, yo me imagino que se sonrió y quizá hasta se rió en ese momento de la ocurrencia de esta mujer y dice: ¿sabes qué mujer?, grande es tu fé, por esa palabra tu hija es liberada de su aflicción. Dice la Biblia que en ese mismo momento su hija fue liberada de ese demonio que la aquejaba.

Qué maravilloso que esta mujer persiste, se esfuerza, su desesperación le da un ingenio sobredesarrollado y encuentra la palabra precisa que desata el mover misericordioso de Jesucristo. Piense en Saqueo que se sube a un árbol porque quiere mirar a Jesús y hace algo extraordinario, fuera de lo común, este hombre que era un oficial temido por la gente, un hombre solitario, poderoso, quizás opresivo, abusador, tenía poder de parte del gobierno romano. Pero no pensando en su propia dignidad pública se sube a ese árbol para estar cómodo porque era un hombre de baja estatura, y provoca el interés de Jesús cuando lo ve allá arriba de ese árbol.

Le dice: Saqueo, bájate de ese árbol, es importante que hoy tú y yo cenemos juntos, porque el Señor ve el apetito que tiene Saqueo y su esfuerzo para hablar con Él.

Así que una y otra vez podríamos estar aquí muchísimo tiempo explorando diferentes personajes que se destacan por esa cualidad de esfuerzo, de ir más allá del esfuerzo fundamental y ponerse en riesgo, ponerse en ridículo, acarrearse la oposición y los insultos de la multitud porque desean ver al Señor y tocarlo, y recibir de Él esa respuesta que tanto necesitan.

Quiera el Señor llevarnos a ese nivel de vida. Eso es lo que le pedimos a Dios cada día: Señor haznos creyentes intensos, haznos creyentes militantes, aguerridos, atrevidos que vivamos siempre en ese nivel de intensidad la vida cristiana. Y esta mujer con el flujo de sangre es un maravilloso, memorable personaje que nos invita a ese tipo de vida intensa que le cree al Señor y se atreve a ir más allá de lo común.

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